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ARMANDO REVERÓN EN EL CINE |
Cine: Rodolfo Izaguirre
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Es cierta la afirmación de que el verdadero y único protagonista del cine documental venezolano es el país, porque él ha logrado como ninguna otra de las artes explorar su compleja geografía física y espiritual: sus diversas etnias, la permanencia de la cultura negroide, el desconocido mundo de la minería, la presencia del petróleo, las tradiciones y fiestas populares, los pueblos perdidos en el país inmenso, el desolado universo urbano, y ha observado también con atención la obra de nuestros artistas plásticos. En este sentido, existe una extensa filmografía de muy buena factura técnica y certero conocimiento de las proposiciones de pintores y escultores y pareciera que Armando Reverón (1889-1954) y Jesús Soto (1923-2005), sean quienes más interés han despertado en los cineastas. Ello se debe, tal vez, a la singular, apasionada y delirante vida del primero con su Castillete, sus muñecas y las singulares circunstancias que rodearon su vida junto a Juanita Ríos, su compañera inseparable, y a las incesantes vibraciones que genera la obra cinética del segundo, así como por la liberación de la geometría, las ambivalencias, la energía, el tiempo y el movimiento que se interrelacionan o se interactivan en sus Penetrables y en sus Signos y Escrituras: un movimiento que el cine sabe apreciar intensa y particularmente.
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